05 enero 2012


LA CONSTITUCIÓN Y ÁFRICA

Marc Euler Ble Ogou*, 02/01/2012

En estos últimos días, pienso mucho en la segunda vuelta de las elecciones en Costa de Marfil, que se celebró el 28 de noviembre de 2010 como todos ustedes saben y que Ouattara ha conmemorado celebrando otras elecciones el pasado mes de diciembre, esta vez sin oposición, sólo con él y sus satélites como única alternativa para 5 millones de votantes convocados.

Lo han leido en Guinguinbali: 5 millones de votantes para representar a veinte millones de marfileños, de los que -según el gobierno, varios días después de las elecciones- se personó ante las urnas un 36 %. Otros cálculos más realistas y menos interesados cifran la participación en entre un 14% y un 20%. En cualquier caso, el gobierno dispuso de tiempo, comisión electoral, consejo constitucional y silencio mediático para maquillar cifras y fracaso. Éste se debe, en mi opinión, al boicot del FPI que representa a la mitad de los marfileños y al miedo, el desinterés y la repugnancia de una gran mayoría de mis compatriotas, todavía traumatizados por nuestras últimas y famosas elecciones y aterrorizados por los FRCI y por lo que Ouattara hizo para llegar al poder.
Creo que es inevitable pensar en elecciones en los últimos tiempos, por esto que les cuento y porque, como también ustedes saben, Laurent Gbagbo ha sido transferido al Tribunal Penal Internacional del que Moreno Ocampo alardea como fuente de justicia imparcial sin pruebas: Ouattara no ocupa una celda al lado de Gbagbo. Ni Sarkozy ni Ban Ki Moon y Choi, obviamente. Y aquí hago un inciso para recordarles que se considera a Gbagbo coautor de crímenes, pero no hay otros coautores imputados con él, y que diferentes ONG, medios y organismos como el ICG o la propia ONU han denunciado los crímenes de las FRCI, el ejército de Ouattara por el que Ouattara tiene que responder. Hillary Clinton, sin ir más lejos, ha desaconsejados a los estadounidenses visitar mi país y todos los días, el que esté interesado en hacerlo, podrá leer historias de enfrentamientos de las FRCI con civiles, tiroteos entre ellos y encarcelamiento de periodistas u opositores políticos.
No me siento muy navideño últimamente. Será por todos los recuerdos de Costa de Marfil, que se me revuelven más todavía porque estoy leyendo un libro del periodista camerunés Charles Onana que se titula Golpe de estado y que trata precisamente del golpe de estado efectivo de Ouattara y Francia contra Gbagbo, que empezó ya en el año 2002 y triunfó en el 2011 que acabamos de terminar. También ando revuelto porque vi hace poco la película de Sembene sobre los tiralleurs del campo de Thiaroye, en Senegal. Africanos de todo el continente luchando por Francia en la II Guerra Mundial para que la agradecida metrópoli los encerrara en un campo de concentración al volver a casa y les bombardeara cuando exigieron el dinero que les correspondía. Y, finalmente, porque Abdoulaye Wade se presenta a un tercer mandato a Senegal y ha llegado a afirmar que su país acabará peor que Costa de Marfil si él no sigue siendo presidente, al parecer indefinidamente.
Mi reflexión cuando leo y veo y escucho todo esto es que África solo será respetada por el resto del planeta cuando los dirigentes de cada país respeten su respectiva Constitución y dejen de remendarla para servir a sus intereses o de saltársela cuando les conviene.
Lo afirmo después de repasar lo que han vivido los cameruneses, cuya propia constitución fue pisoteada por la comunidad internacional para imponer a un presidente tan "democrático" como Biya, en el poder por otros siete años después de casi tres décadas de presidente; Compaoré, aferrado a la presidencia desde el asesinato de Sankara en 1987, o Bongo hijo, que heredó su trono de su padre y acaba de lograr una nueva mayoría sin que nadie le levante el labio.
El gobierno francés, la Union Europea y la famosa comunidad internacional reducen la democracia a un simple recuento de votos cada cierto tiempo, sin preocuparse de los fraudes masivos, las intimidaciones a la oposición y las ilegalidades que trufan muchos procesos electorales africanos y que van desde la República Democrática de Congo a Gabón y Camerún, elección tras elección. Cuando les interesa, callan qué tipo de gente son Bongo, Compaoré o cualquier otro colega al mando en un país africano, pasando de puntillas por las elecciones trucadas que ayudan a organizar, junto con la Comisión Europea, la Unión Africana o la Organización Internacional de la Francofonía a la que Patrice Ngagang recordaba, hace nada, su vergonzoso papel en la perpetuación del reinado de Biya. Cuando el intercambio comercial o las relaciones de poder no les convienen, descubrimos que Gadafi o Gbagbo son dictadores, que la "comunidad internacional" tiene que arrasar sus países y ceder contratos para reconstruirlos, rearmarlos y explotar sus riquezas de la manera más ventajosa posible para Occidente a sus propias multinacionales.
Por eso hago un llamamiento a todos los africanos en general y, en particular, a mis hermanos senegaleses. Senegal ha sido y sigue siendo una referencia para África occidental. Hemos vivido la historia del campo de Thiaroye en Costa de Marfil, hemos escuchado a Abdoulaye Wade decir que, si no se queda en el poder, Senegal va a ser peor que Costa de Marfil. Sabemos que Karim, su hijo, quiso que las tropas francesas reprimieran a los senegaleses cuando se lanzaron a la calle, furiosos, porque su padre quería modificar la constitución. No sabemos si Wade está dispuesto a hacer un llamamiento a la ECOMOG, a sus amigos Ouattara-Compaoré-Goodluck Jonathan, para matar a los senegaleses que se le enfrenten ni si quiere ser reinstalado, como Ouattara, en su trono gracias a las bombas de Francia.
Senegal era la capital de África occidental francesa, así que la historia de África occidental esta muy ligada a este país. En Costa de Marfil, el pueblo se defendió durante diez años, como pudo, de la agresión externa y al final fue aplastado, pero el día que se levante el pueblo senegalés contagiará a los demás países y puede que empiece la auténtica revolución hacia la verdadera libertad de Africa occidental y el final de la influencia del Elíseo en el continente.
Respeten sus constituciones, no dejen que nadie las toque para perpetuarse en el poder y pisar sus derechos y, sobre todo, no permitan que sus dirigentes les vendan por una foto en la puerta de Sarkozy o una palmada en la espalda de Lagarde o de Obama.

*Marc Euler Ble Ogou es miembro de la Federación de Asociaciones Africanas en Canarias (FAAC)

FUENTE:
http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&mod=news&task=view_news&cat=11&id=2426