18 enero 2017

Béchir Ben Yahmed y “Jeune Afrique” estafan a los dirigentes africanos: país a país

[Artículo publicado el 2 de agosto de 2011] Desde hace casi medio siglo, generaciones enteras de africanos padecen la tiranía y el desprecio del Sr. Béchir Ben Yhamed (BBY) y su grupo de prensa. Y no se ha terminado, porque sus retoños ya están aquí manos a la obra trabajando para perpetuar la obra de colonización de nuestros espíritus y de saqueo de nuestras finanzas públicas. ¿Qué ha aportado este grupo de prensa a los africanos?
jeuneafriqueEsta pregunta merece ser hecha, de tanto que se ha enriquecido más de lo razonable a costa de los africanos. Brazo armado de la Françafrique [o Franciáfrica], la línea editorial del “saco de mierda”, tal como la calificó un político maliense, siempre se alineó con las posiciones neocoloniales francesas. Los violines se afinaban con regularidad entre BBY y Jacques Foccart el cual desveló en sus memorias que tenía un ritual de una cena al mes con el propietario de Jeune Afrique (JA). La complicidad entre los dos hombres era tal que cuando falleció, Jacques Foccart designó a BBY su heredero testamentario universal. ¿Qué pueden esperar los africanos del heredero de Foccart? ¿Qué les puede ofrecer aparte de mantenerlos tanto tiempo como sea posible en las ataduras del pacto colonial?
“BBY se convirtió en el guardián y, de hecho, en el agente que comercializó las memorias del personaje que, además de operaciones como el desembarco de mercenarios en 1977 en Benín, perpetuó la presencia neocolonial de Francia en sus antiguas colonias y de ese modo permitió a Francia marcharse para mejor permanecer”, reveló Antoine Glaser. El grupo JA formaba parte claramente del entramado Foccart.
¿Convenció BBY de su independencia?
O bien, simplemente logró convencer de que fue un subalterno de la Franciáfrica, informado y dirigido y que ejecutó todas las misiones, que podían ir desde el terror mediático hasta la ejecución, programadas en los sótanos de la Foccardía. El imperio JA extrae de ahí su fuente y la base de su poder. Un poder cuya máxima expresión es su capacidad de perjudicar, su determinación para manchar e insultar a los dirigentes y jefes de Estado de tan sólo la África Negra. Porque, que se recuerde, nunca se ha visto a BBY tachar o calificar a un jefe de Estado árabe de dictador, matón, y sin embargo algunos instauraron tiranías monstruosas que como poco no tienen nada que envidiar a todas las “dictaduras” africanas que no paró de denunciar y ridiculizar con palabras indecentes y racistas.
“¡Afloja la pasta!”, es el lema del grupo. Los jefes de Estado africanos tienen que pagar para que les traten con deferencia -si se niegan, se los cargan- y sus allegados deben subrayar X ejemplares de la tirada de JA, para prevenir que su insatisfecha ambición se transforme en odio y en una infernal persecución contra ellos. Entonces, por favor, pagad para tener paz, pagad para que os lama las botas, antes que verle cómo os vomita su bilis. Este es el discurso que se escucha con regularidad por los pasillos de las presidencias africanas.
Así pues, a esta bien dirigida operación de chantaje, se añade una estafa que consiste en que cada semana el diario se vende dos veces; una primera vez al anunciante – jefe de Estado o algún político – y después una segunda vez al pobre lector que somos nosotros que perdemos nuestro tiempo comprando y enriqueciendo desde hace más de 60 años a una familia que no nos tiene ninguna consideración si no es la de aplicarse a vaciar los bolsillos de nuestros dirigentes sin ningún escrúpulo.
Nada más convincente que algunos ejemplos concretos, entremos pues en las alcantarillas de la revista y hagamos la luz sobre sus dudosas prácticas. Desde Camerún hasta Gabón, pasando por Costa de Marfil y Senegal, todo el mundo rema en la misma galera; tan sólo la rápida docilidad de algunos para aflojar la pasta a los periodistas comerciales de JA, explica la diferencia de trato.
Es así como a los dossiers incendiarios cuyo objetivo es mantener la presión más que informar, se sucederán reportajes que de hecho son publirreportajes de la misma forma que la investigación periodística es de hecho una búsqueda publicitaria. Actualmente, JA se enfrenta en el ruedo mediático a una prensa privada africana que se ha vuelto muy audaz y dinámica, comprenderán ustedes por qué la venalidad de esta familia la empuja al chantaje y a las amenazas en su carrera de recuperación. Auténtica herramienta de propaganda, el semanal no acepta ni la competencia ni la negativa a adherirse a sus ideas mercantiles. Ejemplos:
Camerún
Un contrato de unos 650 millones de francos CFA (1.000.000 €) a pagar cada año permite al régimen de Paul Biya beneficiarse de un trato de favor. El gobierno pagó sin rechistar durante 4 años, y después se hartó, sobre todo porque el impacto positivo de los artículos de JA nunca se demostró, del mismo modo que las repercusiones en términos de imagen son una bonita estafa y nadie se las cree. Además, a pesar de varios nuevos ofrecimientos, en Yaundé hicieron oídos sordos. Mientras tanto, en Paris la familia BY afila sus cuchillos, y elabora un dossier sobre las 50 personalidades más influyentes en África y, por supuesto, Paul Biya es obviado y seriamente criticado en todos los aspectos.
Gabón
Auténtica vaca lechera, Gabón sigue pagando las facturas más pesadas al grupo JA. Según los más antiguos del diario, Bongo garantizaba él solito los finales de mes del semanal. Sería tedioso hacer un listado de 40 años de colaboración fructífera; citemos entonces los escándalos todavía humeantes, como aquél destacado por la revista bimensual La Lettre du Continent: el grupo “Jeune Afrique” editó, vía su órgano de administración publicitaria, Difcom, dirigido por Danièle Ben Ahmed, una hoja de pedido dirigida a la presidencia de la República gabonesa para la realización de una guía de “Ecofinancia” sobre el “+Gabón”.  Pero, según la misma carta confidencial, desde esa fecha no ha habido ninguna reciprocidad por el lado gabonés. Consecuentemente, el director ejecutivo de la redacción, Marwane Ben Yahmed, hijo de BBY, se ha enfundado su gorra de representante comercial. Salió a la palestra para recordarle a la ministra gabonesa de Comunicaciones, Laure Olga Gondjout, la “larga colaboración” entre “Jeune Afrique” y el antiguo presidente Omar Bongo Ondimba… Amenazas apenas disimuladas.
Senegal
La prensa senegalesa se ofusca con regularidad por las sumas astronómicas que se gastan para acallar la boca del diario JA que no tiene buena prensa a pesar del hecho de que numerosos senegaleses hayan trabajado en esa casa. Fuertes tensiones han opuesto al régimen de Abdou Diouf a BBY a propósito de la cobertura de la crisis que enfrentó Senegal a Mauritania en 1989. Los primeros artículos de JA fueron una auténtica lapidación mediática del régimen de Diouf. La élite senegalesa entendió bien el mensaje, BBY había elegido el campo de sus hermanos árabes. El régimen de Diouf entró en pánico y envió una delegación para negociar a golpe de talonario, no por el respeto de la Verdad o una cierta ética profesional que poco le importa al diario, sino más bien por un cierto equilibrio en la presentación de los acontecimientos. Senegal tenía perfectamente en mente el racismo del propietario del semanal, pero también tenía conocimiento de la concesión de licencias de pesca del régimen de Ould Taya a ciertos dirigentes del grupo.
Chad
Se puede decir que el caso del Chad puede resumirse en la persona del presidente Habré y su lucha contra Gadafi y la posición de BBY. La manera en la que BBY, un anciano de 83 años, se encarga personalmente y con un odio feroz de destrozar la imagen de Hissein Habré (HH) ha llevado a sus propios colaboradores a cuestionar esa actitud. Al principio, estaba el contrato que lo ataba a Gadafi, que se cerró para acompañar y maquillar la política expansionista de Gadafi en el Chad y la subregión. Sin embargo, los miles de millones recaudados por la familia BY no explican toda esta continua locura desde hace más de 30 años. El 14 de julio de 1988, el presidente HH fue el invitado de honor de la fiesta nacional francesa. Durante su visita a Paris en el marco de esa festividad, BBY envió una invitación al presidente HH para visitar la sede de JA. Este declinó la invitación. El Rey Béchir se lo tomó muy mal, él que se consideraba como el igual de sus Excelencias, según las confidencias de los antiguos de la casa. Un trocito del misterio se pudo revelar gracias a una gran dama de la política senegalesa, una antigua ministra, que proporcionó una clave para comprender el odio que sentía por HH. BBY quedó profundamente traumatizado por los acontecimientos Chado-libios. Explicó que “cuando el derrocamiento de Ouadi-Doum, estaba cenando con la pareja Ben Yahmed en su domicilio; las televisiones francesas estaban desatadas con la candente actualidad del día, a saber, la derrota total del poderoso ejército libio; miles de soldados libios acababan de ser hechos prisioneros por el ejército nacional chadiano, todo el Estado Mayor había sido hecho prisionero y un poco más tarde, las imágenes de soldados libios esposados, algunos sentados, otros de rodillas, desfilaron por las pantallas…” Silencio bochornoso y pesado, BBY lívido, acusa el golpe al borde del llanto, difícilmente contiene la emoción, la rabia más bien. Se siente humillado hasta lo más profundo de su ser. Con una voz apagada, olvidando que no está solo, balbucea: “Jamás, jamás unos Negros han puesto de rodillas a los árabes. ¿Cómo se han atrevido? Consagraré mi vida a hacer que se arrepientan amargamente…” Y es así como el presidente Hissein Habré está pagando desde hace más de 30 años por el valor que tuvo al enfrentarse a Gadafi, por haber movilizado a su pueblo y su ejército para poner fin a una barbarie sin nombre. Las tropas libias sembraron el terror, invadieron el país, cometieron crímenes horribles, es cierto que con la activa complicidad de políticos chadianos. A pesar de esta horrible realidad vivida por el pueblo chadiano, el espíritu febril y racista de BBY sólo grabó la última secuencia para montar su propia película para nutrir y alimentar su propio odio y su deseo de venganza que legará a sus hijos ya posicionados para sacarles a su vez el dinero a los africanos.
A esta vanidad racista, hay que añadir que a él le corresponde impulsar el viento a favor de la Franciáfrica a la cual pertenece; de ahí su infatigable compromiso en el asunto HH que le permite, por otra parte, imponer respeto al ya acaudalado Deby que unta generosamente a los distintos enviados especiales de JA. A fondo perdido, a la vista de su desastrosa imagen tanto en el interior como en el exterior del país. ¡Pobrecito! Con los catastróficos resultados de Chad, último del pelotón en varios ámbitos, con el fracaso del Proyecto Petróleo, las aves rapaces de JA tendrían material para estar escribiendo durante 30 años.
Mauritania
François Soudan, que tiene el dossier Mauritania, es el que dice: tenemos raíces en ese país. El equipo de JA apostó fuerte a la carta Ould Taya realizando un retrato muy halagador: “A sus 62 años Ould Taya está más hábil y más determinado que nunca…” invitando a los lectores a no subestimarlo nunca… Y entonces sobrevino el golpe de Estado de Mohammed El Vall. El nuevo presidente, tras hacer que François Soudan se desdijese, se toma su tiempo y saca su chequera. Y de golpe, giro de 90º para nuestros expertos, para los que según las buenas palabras del periodista Vincent Hugeux “el análisis del contenido de JA acredita una flexibilidad de espinazo de la que no renegarían los contorsionistas más talentosos. Cuando la llamada del titular se convierte en la llamada del dinero”. (Les invitamos a que lean el trabajo del periodista). El golpe de Estado en Mauritania es por lo tanto una sorpresa divina para JA (500.000 euros embolsados, según la prensa). En cuanto al pobre Ould Taya, de ahora en adelante se le percibe como “tímido, distante, frágil, encerrado en una lógica securitaria y lanzándose de cabeza contra un muro…”.
Ruanda
Durante mucho tiempo, el régimen de Juvenal Habyarimana firmó contratos publicitarios muy importantes. JA hizo negocios de oro con los supuestos autores del genocidio. Desde entonces, se le hace la pelota a Kagame, firma de un contrato de 350.000 dólares, François Soudan exalta a Paul Kagame, de ahora en adelante descrito como aquel que hizo de su país un paraíso de seguridad, etc.
Así, en el reino de JA la brújula que guía la línea editorial tiene como balancín el apetito por el dinero. Lo cual explica que la cantidad de personas mantenidas a raya es igual a la de no-personas machacadas permanentemente. Es la ilustración perfecta de la coincidencia entre los intereses de las dictaduras con los de la información, tal como lo han recalcado pertinentemente periodistas cameruneses.  Los periodistas de JA sacan pecho, arrogantes, tienen el derecho de creerse poderosos y de trabajar con la dorada leyenda de su independencia… Nadie se deja engañar.
Sin embargo, algunos podrían no creerse que BBY sea racista. Para que se hagan una idea, escuchemos a los periodistas africanos que trabajaron con él, a veces durante largos años, y que puso de patitas en la calle o que obligó a dimitir o bien que prefirieron marcharse (como Marie Roger Biloa o Blaise Pascal Talla).
El periodista Jean Baptiste Placca tuvo un enfrentamiento con BBY a propósito de Nelson Mandela, más exactamente cuando la liberación de Mandela y la cobertura del acontecimiento del siglo. BBY se negó a enviar a un reportero para cubrir lo que para él no era un acontecimiento. Sostuvo que se podía hacer desde París. Su colaborador se queda de piedra, el Rey Béchir queda al descubierto, su repugnante cara estalla a pleno día. El Sr. Placca abandona el grupo JA.
Francis Kpatindé, periodista desde hace 19 años en JA, asiste un día de noviembre de 2004 a una reunión de la redacción en la cual toma parte el antiguo periodista Henri Marque (de RTL), amigo de Ben Yahmed e invitado por éste a presenciar los debates de su equipo. El Sr. Marque declara sin parpadear que “la pereza es congénita en los africanos”. Ofendido, Kpatindé juzga esas palabras inadmisibles y denuncia el racismo del viejo amigo de su jefe. El tal amigo amenaza con irse de la redacción a menos que el Negro impertinente se disculpe. “¡Jamás!”, contesta Kpatindé a la insistencia de su jefe que quiere conservar su relación con Henri Marque. BBY coge el látigo y una lluvia de golpes cae sobre Kpatindé: rapapolvos, hostigamiento, es apartado de su sección. Y así, el periodista beninés presenta su carta de dimisión a BBY. He aquí un fragmento:
“… Su ira se acrecentó, el pasado noviembre, tras mi reacción en la reunión de la redacción contra las palabras racistas –respecto de los africanos– de uno de sus colaboradores. En vez de brindarme su apoyo, usted se puso de parte del interesado. Es evidente que no puedo aceptar esta manera de actuar ni el continuo hostigamiento del que soy objeto desde hace varios meses. Me reservo por tanto el derecho de dar continuidad a un comportamiento como poco inadmisible en el interior de una empresa que saca provecho, más de lo debido, de África”.
Qué decir del periodista Sennen, devastado por un tumor intestinal en fase terminal, que recibió de BBY en su lecho de muerte en el hospital ¡una carta de despido por ausentismo prolongado…!
O también del periodista senegalés Élimane Fall, despedido, recontratado, redespedido, cien veces humillado. La máquina trituradora de BBY funciona a pleno rendimiento y para él, los Negros sólo entienden el látigo. Eso lo aplica en el entorno profesional con sus empleados africanos que le deben obediencia, sumisión, trabajar sin rechistar y sobretodo cerrar el pico y mantener la mirada y la cabeza gachas.
Es la concepción colonial del “boye” negro, hombre para todo, ¿qué digo?, tonto del bote. Ilustración: es usted periodista diplomado, conoce su oficio y lo realiza con seriedad. Pero BBY exige que se convierta en un agente recolector de hojas de pedido de las empresas africanas, de los políticos del país en el que se encuentre en misión. En caso necesario, una ridícula y pequeña comisión le será concedida para justificar esa sustancial y unilateral modificación de su contrato laboral. Pero usted considera que no está interesado por esa comisión porque no ha recibido formación de agente comercial. Así es como lo expresó Francis Kpatindé en su precipitada carta: “Déjeme recordarle una de sus cartas en la que me proponía un 5% de comisión si, en el transcurso de mis viajes, le traía contratos comerciales y accionistas. Del mismo modo, puedo citar esas extrañas cartas, a las que jamás di seguimiento, de una dirigente de la empresa que me pedía que le hiciese llegar unas listas de clientes potenciales para el accionariado y el fondo de suscripciones. Por supuesto, tengo los medios de probar lo que le estoy contando”.
La extraordinaria imaginación de BBY crea envidias
Unos artículos pagados a toca teja dan paso a cuñas publicitarias de empresas, pero también a suscripciones a tarifas especiales, sin hablar de la compra de acciones del grupo. Constatemos que casi todos los jefes de Estado africanos, muchos políticos opositores o no, y jefes de empresa fueron captados para comprar acciones, y por supuesto la estafa consiste en no ser considerado como un accionista corriente al que se le comunican los resultados de la sociedad y que puede legítimamente esperar embolsarse dividendos del imperio BBY. Pero, ¡no hay que soñar!
Según el “Canard Enchaîné”, el asunto fue aún más lejos cuando un jefe de empresa tunecino que había adquirido acciones del grupo, bajo conminación de la presidencia de su país, pasados unos 10 años expresó por escrito su deseo de volverlas a vender. BBY se niega y le responde: “Como usted sabe, la adquisición de 263 acciones se realizó en el marco de una compra efectuada por 41 sociedades tunecinas a petición de la presidencia tunecina (Ben Ali). Esta compra fue coordinada y centralizada por los dos respectivos directores de gabinete. Por tanto, para la reventa usted debe seguir el mismo procedimiento a la inversa”. Increíble. Las dictaduras africanas amigas de BBY no sólo obligan a sus sociedades a comprar acciones del grupo JA para rescatar sus cuentas, operación financiera de pura pérdida ya que ningún dividendo le será jamás pagado, ¡pero encima es imposible volver a vender las puñeteras acciones, incluso a precio de ganga! ¿Puede haber una postura más deshonrosa que ésta?
Sin embargo, el grupo está en una situación floreciente. Es un asunto extremadamente rentable, que sólo puede ser rentable en vista de sus métodos de gestión sui generis. La prueba es que ninguno de los hijos de BBY ha intentado hacer pinitos en cualquier otra actividad, ¿por qué encaminarse hacia lo desconocido cuando se tiene una mina de oro entre manos, y que basta con convertirla en un asunto familiar para quedarse con todos los beneficios?
Imagine por un momento la razia que lleva a cabo esa revista sobre la contabilidad de nuestros pobres Estados: la gran entrevista-propaganda de un Presidente gira entorno a los 800.000 euros según las financias del país, 940.000 euros para Guinea Ecuatorial, más la colecta de inserciones publicitarias a 10.000 euros por página. Todas las empresas del país pasan por el aro y el enviado especial de JA cuida que así sea junto con el gabinete presidencial. Y además, la suscripción especial obligatoria para las empresas junto con la compra de acciones que jamás producirán beneficio alguno.
Sin contar lo que podría figurar en el libro Guinness de las ideas más diabólicas, a saber: la suscripción vitalicia a JA con el toque especial, es decir, la suscripción es transmisible en herencia a sus hijos. Había que pensarlo. No olvidemos los famosos Atlas, revistas históricas que tirando por lo bajo cuestan unos 100.000 euros con una tirada de un número elevado de ejemplares. ¡Hagan sus cálculos!
Aún no se ha terminado. Ocurre que los expertos de JA te toman de la mano para escribir, como por ejemplo el presidente Obiang Nguema de Guinea Ecuatorial para su libro “My life for my people”.
Constaten la sangría total de nuestros Estados por esos dadores de lecciones sin parangón. ¿Qué opinan las instituciones internacionales tan preocupadas por la buena gobernanza de esos gastos inapropiados? ¡Todo ese dinero gastado en lucrar a esos maestros cantores, habría podido ser empleado más juiciosamente! Cierto es que el grupo es un desmembramiento de la Franciáfrica, entre amigotes, siempre devolviéndose favores.
Además, la fragilidad de los poderes en África dopa la actividad de comunicación. Es, de algún modo, su terreno abonado.
Son dignas de destacar las escasa visitas de BBY al continente negro. Son parte de la necesaria distancia que pone por medio para contener lejos de él a los dirigentes africanos que desprecia y con los que no desea compartir ninguna familiaridad, no hablemos ya de amistad.
Con esta lógica, rechaza sus medallas pero acepta sus cheques. No es cuestión que BY Béchir se rebaje al nivel de un reyezuelo negro. Hay alguna pequeña excepción. Le ha pasado tener que ir a mendigar a casa de Houphouet así como a la del presidente Bongo cuando los tiempos fueron duros para él. Recientemente, estuvo dispuesto a abandonar a su accionista Ouattara para ir a Abiyán a rubricar una reconciliación con Gbagbo y echarle el guante a un dineral, pero las condiciones fijadas por Gbagbo fueron consideradas demasiado draconianas. En Senegal, obtuvo un crédito bancario para rellenar las arcas de JA con el aval del presidente Diouf; la prensa senegalesa recuerda a menudo al propietario de JA que no ha reembolsado el préstamo concedido.
Es así como el terror mediático que inspira, primero con la pertenencia al entramado Foccart, y después a Franciáfrica, le ha permitido, a pesar de sus periódicos insultos y sus múltiples difamaciones durante más de 60 años, de no haber tenido ninguna denuncia dirigida contra él que haya ido a juicio. Es absolutamente impactante. La única excepción es la denuncia presentada por los abogados del presidente Hissein Habré por una burda falsedad, a saber, una pseudo-entrevista que le habría concedido el antiguo presidente chadiano.
BBY estimó que esta iniciativa fue demasiado audaz y que no debía consentir que otros siguieran el mismo ejemplo. De ahí los numerosos aspavientos de sus abogados para pedir a los entramados francoafricanos que no olvidasen de devolverle los favores, a él, miembro de la hermandad, en nombre de los buenos y leales servicios prestados para servir los intereses de Francia. La decisión que tomó la justicia merece una parada: el juez francés declaró que “el presidente Hissein Habré no aportaba prueba alguna de que no concedió una entrevista a JA y BBY tampoco pudo aportar ninguna prueba de que HH les concedió una entrevista…” Todo el mundo comprendió, ya que la carga de la prueba recaía claramente sobre JA que pretendía que Hissein Habré les había concedido una entrevista. Y, todos los periodistas lo saben, en un caso similar se tienen correos, intercambios, soportes de audio incluso para una entrevista en un periódico. Sin embargo, JA y Ben Yahmed no tenían nada. Para sacarles del berenjenal, la devolución del favor funcionó con chirridos estridentes.
BBY está acostumbrado a solicitar que le saquen de aprietos. Según la prensa francesa, los pagos atrasados de su grupo a la URSSAF (Unión de Recaudación de las cotizaciones de la Seguridad Social y de los subsidios familiares) eran astronómicos, pidió un favor al Primer Ministro de entonces, François Balladur, que se lo concedió. Que así sea con los tribunales laborales en el caso de conflictos con sus empleados. Se puede decir que la prensa francesa no le presta mucho interés, pero no lo indulta en absoluto llegado el caso. No obstante, el arrogante BBY se mueve con prudencia y adopta un perfil muy bajo para evitar la confrontación con los periodistas franceses, como aquí decimos “las ranas no dan saltitos en agua caliente”.
El desprecio y la falta de consideración de JA se constatan cuando Deby se hace entrevistar soltando más de 300 millones de francos CFA e insulta copiosamente a los rebeldes chadianos tachándolos de mercenarios.
El representante y portavoz de los rebeldes, Acheikh Ibn Oumar, escribió un derecho de réplica que, según las reglas profesionales, debía ser publicado en el diario. No categórico de JA, se publica el derecho de réplica en la web del diario, el tiempo de un suspiro y basta. Nada de indignación por parte del interesado que no denuncia ese mal trato, incluso se acomoda en ello. Es normal que BBY tenga siempre su látigo en mano, si todos y cada uno agachan cabeza y mirada.
Siguiendo en el Chad, y la negativa a publicar los derechos de réplica que le enviaron los abogados de Habré, estos denunciaron esa actitud e hicieron que se publicasen en otros medios los derechos de réplica en cuestión, lo cual provocó la ira de BBY y algunos insultos a los directivos de los periódicos que publicaron tales derechos de réplica. Métodos de mafioso, al fin y al cabo. Según BBY, a sus insultos no hay que oponerles ni denuncias, ni ejercer derecho de réplica y, peor aún, ¡tampoco hay que intentar reaccionar por otras vías! ¿Es ése el comportamiento de alguien que respeta a las personas o es el comportamiento de un amo vis a vis de sus sirvientes?
El racismo de BBY ha estallado, también, en lo concerniente al Túnez de Ben Ali. BBY es tunecino, lo cual le bastaba a él y a sus hijos para decir “No toques mi país”. Así habló Zyad Liman, hijo de la mujer de BBY, durante un programa de TV5 sobre la modificación constitucional realizada por Ben Ali para asegurarse una presidencia vitalicia: “En primer lugar, el régimen de Ben Ali reúne a su alrededor a la mayoría de los tunecinos que no están interesados por otros asuntos, el régimen les ofrece una vida bastante mejor que la de otros países. Además, me prohíbo hablar mal de un país que es el mío y del que poseo el pasaporte, aunque mi madre sea saboyana”. Con esas pocas palabras, todo ha sido dicho. ¡El hijo de Ben Yahmed tiene un curioso concepto del periodismo independiente! No desmerece a su padre adoptivo. Unos sólidos lazos de dinero unían BBY a Ben Ali.
De ese modo, en un artículo del 17 de febrero, el diario “Le Monde” sale a la palestra y acusa a BBY y su equipo “de haber contribuido ampliamente a impedir que se conozca el verdadero régimen de Ben Ali. Nunca le han dedicado dossiers como hicieron con Mobutu y Kabila hijo”. ¿No es edificante?
Y la prensa francesa prosigue, “BBY estaba subyugado por Leila Ben Ali a la que describió en 2009 como una enérgica mujer política, determinada y lanzada, es la generosidad discreta, contundente de espíritu, humor y humanismo”. El “Canard Enchaîné” constata de hecho que JA oscilaba con habilidad entre la adulación y la moteada crítica de cortesano. En relación a la situación económica tunecina de 2009, JA escribía: “El país goza de paz social. Lo hemos dicho y repetido desde hace más de 20 años, la lista de progresos logrados no para de crecer”.
La saga de BBY ha permitido tomar conciencia de que un grupo de prensa es fundamental para conseguir pedidos de todo tipo. Desgraciadamente, es con lo que muchas personas se han quedado y este nicho de mercado suscita actualmente mucho interés en hombres de negocio, cantantes, abogados, etc. que esperan de este modo imitar al equipo de JA y enriquecerse sin pegar chapa. ¿Merece BBY ser imitado? Él que, contestando a una observación sobre la ausencia de una línea editorial en su diario, replicó que “¡los cementerios están llenos de periódicos que sí las tenían!”. En 2010, reivindicaba 60.000 ejemplares distribuidos en Francia y en el extranjero (¿cuántos no se vendieron?), dicho de otra forma, una caída en picado, una constante pérdida de audiencia y credibilidad. Los pasquines ya no venden. ¡Ya era hora!
Algunos antiguos del semanario llaman a BBY el Gurú, lo asemejan a un rey con su corte, sus bufones y sus esclavos. El caso es que el personaje tiene la piel curtida y surcada por millones de arrugas que llevan encima los tormentos del tiempo y de todos sus abusos, compromisos y traiciones, inscritos como escarificaciones indelebles.
Tengamos la valentía de decir BASTA, de no gastar más nuestro devaluado Franco CFA para enriquecer a una familia que ha edificado una colosal fortuna explotándonos sin vergüenza y haciendo alarde de su soberano desprecio. Le toca a la juventud africana preguntarse sobre qué puede aportar la pluma de un hombre que, desde lo alto de su experiencia política, asumió alto y claro que la liberación de Nelson Mandela no representaba un acontecimiento lo bastante importante para que se dignase enviar un único reportero.
La mejor respuesta a esta actitud racista es parar de enriquecerlo, tomar conciencia que su apetito por nuestro dinero le ha aportado poder y arrogancia, pero que nuestra sumisión, al mismo tiempo y de rebote, nos ha envilecido.
El grupo de BBY, según las palabras de Lopham, “aprende a reaccionar con la complaciente flexibilidad de un mayordomo inglés que le lleva tostadas con mantequilla al Príncipe de Gales”. ¡Somos nosotros los príncipes! Entonces, los mayordomos, los podemos despedir o cambiar, ¿no?
La redacción de zoomtchad
Traducido para Umoya por Juan Carlos Figueira Iglesias.

02 diciembre 2016

Gambia liquida en las urnas el régimen de Jammeh

Adama Barrow obtiene el 45% de los votos y acaba con 22 años de una presidencia

No es habitual que un dictador africano se presente a unas elecciones y las pierda. Y mucho menos que acepte esa derrota y deje pacíficamente el poder. Pues exactamente esto es lo que ha ocurrido en las últimas 48 horas en Gambia, un pequeño país de apenas dos millones de habitantes que vivía desde hace 22 años bajo el asfixiante y totalitario régimen de Yahya Jammeh y que festeja unas elecciones que ya han pasado a la historia. Ha bastado que los principales partidos de la oposición se presentaran unidos tras un solo candidato, Adama Barrow, para obrar el milagro. El resto lo puso el propio Jammeh con la deriva autoritaria de un régimen que era cada vez más contestado dentro y fuera del país.
MÁS INFORMACIÓnA medida que se fueron filtrando los resultados, las calles de Banyul, la capital gambiana, se fueron poblando de ciudadanos exultantes, aunque temerosos de la reacción del Gobierno. La fuerte presencia de fuerzas del orden no impidió la fiesta, sobre todo después de que, pasado el mediodía, el presidente de lcomisión electoral, Alieu Momar Njai, hiciera pública la victoria de Adama Barrow con 263.515 votos (45,5%) frente a los 212.099 de su rival (un 36,7%). Para sorpresa de casi todos, el propio Jammeh informó a la citada comisión de que aceptaba su derrota y la cesión pacífica del poder al candidato opositor.Hace tan solo unos meses, Adama Barrow era un gran desconocido para la mayoría de los gambianos. Hoy es el presidente electo del país. Nacido hace 51 años cerca de Basse, en el este de Gambia, en 2000 emigró a Londres donde trabajó como guardia de seguridad. A su vuelta a casa creó su propia empresa inmobiliaria con la que alcanzó un rápido éxito. Firme convencido de la necesidad de democratizar su país, este mismo año fue elegido candidato del Partido Democrático Unido (UDP, según sus siglas en inglés) después de que el histórico líder de esta fuerza política, Ousainou Darboe, quedara excluido por razones de edad. Sin embargo, la clave de su éxito se encuentra en el hecho de que se presentaba al frente de una gran coalición integrada por el propio UDP y otros partidos de oposición.

Miles de jóvenes gambianos habitantes de las zonas rurales y de los barrios pobres de la capital, frustrados, sin trabajo, sin horizontes, habían emprendido un auténtico éxodo hacia Europa a través de media África, camino al que llamaban el Back Way, convirtiéndoles en los últimos años en protagonistas omnipresentes de las rutas migratorias del continente en países como Malí, Níger y Libia, pero también de los naufragios del Mediterráneo. Los que pudieron se habían ido hace tiempo ya pero en avión, sobre todo a Estados Unidos o a países vecinos como Senegal, para conformar una pequeña pero ruidosa diáspora.Tras el golpe militar que le aupó al poder en 1994, Jammeh había conducido a Gambia hacia un abismo imposible. La muerte de dos miembros de la oposición en prisión este mismo año no era sino la punta de un iceberg de represión y violencia que tenía su peor exponente en la oscura cárcel de Two Miles, donde las torturas y los malos tratos eran cotidianos. No sólo opositores, también periodistas críticos, homosexuales o todos aquellos que osaran alzar la voz o plantear la más mínima queja vivían bajo la permanente amenaza de un régimen cuyos resortes, también los económicos, controlaba con mano de hierro el presidente Jammeh y sus próximos, conocidos como el clan de Kanilai.Ahora se abre una nueva e inesperada etapa para Gambia con un presidente electo que ha prometido refundar el país con una transición de tres años y un gobierno en el que esté representada toda la oposición. Trabajo no le va a faltar.
El presidente electo Adama Barrow saluda a sus seguidores, durante el último día de campaña, en Talinding.  AFP

El drama de África: los trabajadores pobres y los subalternos ricos

Existen dos tipos de personas en África: los que no pueden ganarse la vida independientemente de lo mucho que hagan y los que tienen un estilo de vida lujoso y privilegios independientemente de lo poco que contribuyan. El primer grupo está formado por aquellos que no tienen relación con los “blancos” y el segundo está compuesto por personas que están en contacto con los “blancos”. Esta palabra en África se utiliza para “europeos”, “chinos”, “libaneses”, “americanos”, etc. En el contexto de este artículo, se podría sustituir perfectamente por “extranjeros”.
Hace poco [Artículo publicado originalmente en febrero de 2013] conocí a un empresario alemán cuya familia se ha dedicado al negocio de la exportación de madera de África durante más de medio siglo. Vivió y trabajó en Ghana, Liberia y algunos países más. Manteníamos una conversación fluida hasta que de repente me preguntó por qué tanta gente quería invitarle a su casa en Ghana, algo que él entendió intuitivamente como una posibilidad para esa gente de elevar su estatus social y sentirse respetados por estar en compañía de un blanco. No pude responder a su pregunta en el tren, pero me vino a la cabeza tres meses después y esta publicación es una especie de respuesta tardía.
Si vive en África o conoce a africanos, haga una lista de 10 personas que conozca o haya oído que “vivan bien” y tengan privilegios sociales. Descubrirá rápidamente que el 90% de ellas son personas que trabajan para los “blancos” o con los “blancos”. Están al servicio de empresas con propietarios extranjeros o controladas por estos, organizaciones u ONG foráneas en África. Tienen casas grandes, coches buenos, criados y gozan de un estatus social alto y de privilegios. A esos los llamo los “subalternos ricos” o los “subalternos selectos”.
Los “trabajadores pobres” son el resto de África, aquellos que se levantan a las 5 de la mañana, se van a la granja o al mercado, plantan semillas para cultivar comida y alimentar a sus hijos o salen pronto para conseguir un lugar en la calle para vender cosas. Ellos son los que producen y crean valor, pero hagan lo que hagan, por mucho que trabajen, siempre tienen una vida muy difícil. Este grupo está formado por la población pobre de las zonas rurales y los buscavidas de las ciudades. Por desgracia, esta profunda brecha social crea el drama de África.
En esta publicación, mi intención no es profundizar en la explicación de por qué hay una dicotomía en la sociedad africana, sino mostrar cómo esta dicotomía está creando y difundiendo una intensa impresión de que la única manera de tener una buena vida en África es estar al servicio de los intereses extranjeros o estar asociados con esos intereses adquiridos, organizaciones u ONG foráneas. La consecuencia más grave de este fenómeno es la generalizada incapacidad de las sociedades modernas africanas de crear líderes locales fuertes con la habilidad de pensar correctamente a través del prisma de las realidades en donde viven, pues los líderes que crean están controlados principalmente por programas extranjeros.
¿Cuál es el problema?
El problema es que no se puede desarrollar un país o un continente en el que la mayoría de las personas con potencial para ser líderes se preparan para ser “buenos subalternos” para tener éxito. Los jóvenes aspiran a emular los ejemplos más exitosos de su sociedad y, actualmente, el único modelo visible, tangible y disponible es el del subalterno rico.
No habría ningún problema con el modelo del subalterno rico si este grupo de población no estuviera formado principalmente por gente “no productiva” que trabaja como directivos intermedios. En las oficinas, estos no crean empresas ni valor ni puestos de trabajo, no inventan, innovan o actúan en una posición de líderes con el poder para cambiar las cosas.
Un amigo mío escribió hace poco acerca de la “clase media”, esos “directivos intermedios”, en África: “son profesionales que trabajan en Microsoft, Boeing, T-Mobile, etc. Viven cómodamente con sueldos de seis cifras y, a pesar de que poseen la ‘codicia del empresario’, ¡tienen demasiado miedo de dejar esos trabajos fáciles!”
¿Cómo podrían estos ejemplos de personas cambiar África?
No pueden, porque distraen a nuestros jóvenes de los trabajos que tienen el potencial de cambiar las cosas, como los agricultores locales, los arquitectos, los fontaneros, los ingenieros, los investigadores o los emprendedores. Y es que los jóvenes no ven suficientes pruebas de que se pueda vivir bien con estos empleos.
El único sueño que tienen es “entrar en contacto con los blancos” para acabar con “su sufrimiento”, y de que esto funciona sí que tienen bastantes pruebas: desde los subalternos ricos locales hasta los emigrantes que vuelven con brillantes zapatos.
Entonces, no sorprende que África tenga el porcentaje más alto del mundo de jóvenes que quieren emigrar, según un estudio reciente de Gallup.
Tenemos que cambiar nuestra mentalidad de “colonización de cinco estrellas” y comenzar a construir líderes locales, cuyo éxito no quepa duda de que no está relacionado con otro proyecto financiado por la Unión Europea o respaldado por “blancos”.
La mayoría de nuestros jóvenes necesita una señal clara e inequívoca de que nuestros líderes, nuestros “mayores”, consiguieron lo que han conseguido gracias simplemente a su propia voluntad, determinación y organización. Si no, la creencia de que no se puede tener éxito a no ser que se tenga el respaldo de un blanco continuará reafirmándose y asentándose en sus mentes, lo que también seguirá minando nuestra confianza en nosotros mismos y nuestra capacidad de limpiarnos el polvo y enfrentarnos nosotros solos a nuestros propios problemas.
Si la ayuda, la inversión y la colonización extranjeras ayudaran a desarrollar algún sitio, África sería el continente más desarrollado del mundo.
No hay esperanza con los subalternos ricos y su mentalidad, ya que solo han utilizado su influencia política de una manera predatoria hacia el resto de la población: “La élite política utiliza su control del estado para extraer los ahorros de la población pobre de zonas rurales, que, si hubiera podido, habría invertido ese dinero en mejorar sus técnicas o en otras actividades económicas productivas.
La élite desvía estas ganancias hacia su propio consumo y las utiliza para reforzar los instrumentos represivos del estado. Mucho de lo que la élite africana consume son importaciones. Así, el consumo del estado no crea un mercado significativo para los productores locales, sino que resulta una sangría importante para los ingresos nacionales, que podrían haberse destinado a una inversión productiva.
Esto explica el empobrecimiento creciente de África. Cuanto más consolidan su poder las élites políticas, más fuerte se vuelve su control del estado y, por lo tanto, más se hunden las sociedades rurales en la pobreza”, escribió Moeletsi Mbeki.
Necesitamos líderes locales fuertes que hayan crecido rodeados de las mismas realidades que sus conciudadanos. Necesitamos que busquen su legado y su lugar en la historia, no a través de recompensas simbólicas por parte de organizaciones extranjeras, sino a través del impacto profundo y positivo que hayan tenido en las vidas de sus compatriotas.
Mawuna Remarque KOUTONIN
*Mawuna Koutonin es un activista en pro de la paz mundial. Trabaja sin descanso para empoderar a la gente para que exprese todo su potencial y persiga sus sueños, sin importar sus orígenes. Es el editor del blog SiliconAfrica.com.
Fuente: SiliconAfrica, “Africa Drama: The Working Poor and the Rich Subalterns”. Publicado en febrero de 2013.
Traducido del inglés para Umoya por Andrea Santos García y Cristina Velasco González (USAL).

23 noviembre 2016

Buenos tardes,
recomendamos la proyección de documental: "Congo, un médico para salvar a las mujeres" y coloquio, que organiza la Fundación Jiménez Arellano, en el que participa nuestra compañera de Umoya: Rosa Moro. Ver enlace de abajo.
Por favor, difunde en tu medio, redes sociales y libreta de direcciones. Muchas gracias.
Saludos,
Umoya Valladolid

http://www.fundacionjimenezarellano.com/index.php/2016/11/dia-internacional-contra-la-violencia-de-genero-en-el-museo-arellano-alonso-de-la-uva/ 

Activismo de diseño y la posdemocracia

Para los defensores de un cambio social transformador, los aullidos de apoyo espontáneo de los famosos constituye una base nada sólida sobre la que construir un movimiento.

Famosos filántropos como BonoMadonnaGeorge Clooney y Angelina Jolie se han convertido en las caras visibles de la agenda humanitaria, junto con galas benéficas como Comic Relief en Gran Bretaña y su homóloga estadounidense, Red Nose Day. No es nada nuevo que la élite social se involucre públicamente en “buenas causas”, pero hoy en día las configuraciones altamente-interrelacionadas del poder, los negocios, los medios y la caridad, son diferentes: activistas, defensores de causas y filántropos de diseño están floreciendo más que nunca.
Sin embargo, nos encontramos con un misterio: hay pocas pruebas de que el compromiso de los famosos aumente el número de donaciones a las organizaciones benéficas que estos apoyan. En la misma línea, las encuestas de opinión parecen indicar que el público otorga una legitimidad peculiar al apoyo de los famosos. La mayoría no se deja persuadir, pero cree que el resto de la gente sí. Se pueden encontrar testimonios menores sobre este escepticismo en el éxito de sátiras como la primera novela de Helen Fielding, Cause Celeb, o el perfil de Instagram BarbieSavior.
Puede que los fans admiren a un determinado famoso, pero no tienen la misma lealtad hacia las causas que este apoya, por lo que se desmiente el mito de que esta forma de compromiso funciona de verdad. Las organizaciones benéficas y los grupos activistas son muy conscientes de este fenómeno. Algunos, como Médicos Sin Fronteras y la mayoría de organizaciones religiosas, no utilizan ningún famoso, hecho que no afecta a sus ingresos.
Entonces, ¿por qué tantos activistas y ONG solicitan constantemente la colaboración de famosos? La respuesta parece ser que no tiene que ver en absoluto con el público: se trata de cómo las élites manejan la esfera pública en un sistema posdemocrático.
El término “posdemocracia” lo acuñó Colin Crouch para referirse a la fusión del poder de las grandes empresas con el gobierno, lo que genera una política de élites basada en un ciclo político-económico en el que el dinero compra poder y el poder genera dinero. La posdemocracia resulta una imitación convincente de la democracia, pues tiene una apariencia popular y consultiva. No obstante, la auténtica política de poder y dinero consiste en una serie de transacciones interpersonales entre las élites.
Sin embargo, la legitimidad política todavía depende de la esfera pública. Puede que las empresas sean dueñas de los medios de comunicación, pero no pueden fijar la agenda por completo. Dentro de esta ecología política, entran los activistas de diseño y las causas que defienden. Sus preocupaciones pueden resultar secundarias y sin mayor repercusión política, pero de todos modos son asuntos importantes.
Hambrunas, genocidios, epidemias y migraciones en masa podrían sorprendernos e irrumpir a través del umbral de lo que es importante en política. Y la gente —incluidas las élites— se preocupa sinceramente: están buscando maneras de ser caritativos y convertirse en ciudadanos globales activos. Los actores y músicos que escriben muchos de los guiones para nuestras imaginaciones morales pueden ayudarnos con esta tarea.
Los famosos ayudan a establecer cómo debería sentirse el público y cómo debería actuar con respecto a las cuestiones humanitarias de trascendencia internacional. Cuando un actor famoso, como Ben Affleck, va a una misión al Congo para filmar un documental sobre los desplazados por la guerra, lo que se espera de él es una demostración de sentimiento e integridad personal. No se espera que sea un experto en los detalles políticos, pero sí que exprese compasión hacia los demás.
Cuando personajes televisivos aparecen en el acto anual para recaudar fondos para Comic Relief, por ejemplo, están dando validez a las respuestas filantrópicas a los problemas del mundo. Y, cuando un cantante, como Bono, junto con su mujer, Ali Hewson, promociona una marca de lujo como una compra ética porque parte de los beneficios se destina a África, está vendiendo el consumismo como una solución a la pobreza.
A veces, los famosos se salen del guión y es entonces cuando su papel en la posdemocracia se vuelve más interesante. El autor Dan Brockington pone ejemplos que resultan sorprendentes y divertidos a la vez: ¿soportarán el mal trago o se les sacará la foto con cara de asco? ¿Se les pillará bebiendo champán en un avión privado camino de un campo de refugiados?
El actor Ralph Fiennes supuestamente mantuvo relaciones sexuales con una azafatadurante una campaña de concienciación sobre el VIH/SIDA. Otro actor, Salman Khan, disparó a un antílope protegido en India poco después de aparecer en un calendario para el Fondo Mundial para la Naturaleza. Para el público, uno de los principales atractivos de enviar a estos amateurs de lujo a que desempeñen el papel de cooperantes o diplomáticos —muchos de ellos conocidos por sus debilidades personales— es su irremediable faceta impredecible.
¿Podría el famoso incitar incluso a la revolución? Brockington cuenta la historia de la actriz Jessica Lange, quien contó a un periodista que, en 2003, se comprometió a realizar un viaje al Congo patrocinado por UNICEF para limpiar el nombre de Estados Unidos tras los actos del presidente George W. Bush. UNICEF intentó evitar que el periodista publicara estas declaraciones.
Para el defensor tradicional de la justicia social comprometido con un cambio social transformador, el aullido de apoyo espontáneo de un famoso constituye una base nada sólida sobre la que construir un movimiento revolucionario. Pero, para los responsables políticos y corporativos de la posdemocracia, la imprevisibilidad de los famosos actúa como un eficaz escudo. La gala benéfica de Comic Relief es un despliegue de inteligencia social: es una manera increíblemente efectiva de descubrir los temas que le preocupan a la sociedad y la forma en que lo hacen. Cuando un famoso despotrica contra algún asunto, la respuesta popular que genera es un medio útil para resaltar el nivel de apoyo que este recibe.
Para las organizaciones benéficas y los grupos activistas, el patrocinio de los famosos manda un mensaje sobre todo a las élites del poder, más que al público en general. Es un pase a las altas esferas de la política “real”, ya que los activistas de diseño y los filántropos pueden acceder y, con este acceso, influir en el dinero y las decisiones políticas potencialmente favorables.
Puede que los políticos y los líderes corporativos piensen que asociarse con famosos sirve para hacer publicidad subliminal, lo que mejora la imagen que venden al electorado y a los consumidores. Pero también quieren juntarse con famosos porque les gustan los famosos (o quizás porque piensan que les gustan en base a su imagen pública).
En la época pasada de la democracia de masas, el paradigma del activismo transnacional adoptó la forma de solidaridad política con los movimientos socio-políticos transformadores. En este caso, fueron los líderes políticos de los grupos afectados los que fijaron la agenda. Un buen ejemplo es el Movimiento Anti-Apartheid, que apoyó al Congreso Nacional Africano (CNA). Nelson Mandela era especialmente reticente a convertirse en la cara visible del CNA y siempre vio su fama como una herramienta al servicio de una causa política más amplia.
Incapaces de ejercer suficiente presión directa sobre sus opresores, los movimientos políticos y sociales en los países subdesarrollados consiguieron el apoyo de la sociedad civil y de partidos políticos de izquierda de los países desarrollados. Así, consiguieron eludir los bloqueos a los que se enfrentaban a nivel nacional. Los defensores internacionales de estos movimientos tuvieron un papel auxiliar en el establecimiento de la agenda estratégica.
Hoy, se ha invertido esa posición, hasta tal punto que los grupos locales establecen la agenda según su relación con los activistas de los países desarrollados; lo hacen o bien como forma de resistencia a la hegemonía posdemocrática, o bien atentos a la manera en que los países desarrollados se hacen eco de su historia. El científico político Clifford Bobha descrito esta última estrategia como un “mercado” de causas: solo sobrevivirán aquellos movimientos que puedan “venderse” con éxito a sus patrocinadores de los países desarrollados, mientras que los otros irán pereciendo.
Mientas tanto, muchos defensores de estas causas en los países desarrollados se han convertido en grupos de presión política que trabajan desde dentro, ya que son especialistas en el negocio del intercambio de influencias. Establecen la agenda mediante el diálogo con los políticos con los que trabajan, tácita o explícitamente. De hecho, puede que exista una puerta giratoria que conecta los cargos políticos con los puestos dedicados a la defensa de las causas de las ONG. Los objetivos y estrategias de esta defensa los establece lo que ambas partes consideran alcanzable en una capital de un país desarrollado. Por lo tanto, los grupos de países subdesarrollados se enfrentan a dos situaciones: o bien han visto su estatus reducido al de clientes con tan solo influencia táctica, o bien han sido abandonados, lo que los hace sucumbir al triste destino de las causas huérfanas.
Los casos paradigmáticos del activismo de diseño son altamente compatibles con el circuito de poder del sistema posdemocrático. Por lo tanto, se defiende una intervención más coercitiva por parte de Estados Unidos contra los nombres de la lista de villanos internacionales, como Joseph Kony del Ejército de Resistencia del Señor o el presidente sudanés Omar al Bashir. Se enfatiza el papel de las fundaciones privadas como encargadas de resolver los problemas del mundo, para que los ricos exentos de pagar impuestos decidan la agenda social de forma discrecional, en vez de que lo hagan los estados democráticos en base a los derechos universales.
El guión de la compasión personal es idóneo para este proceso. Además, se ve enfatizado por la manera en que los famosos realizan a menudo acciones de manifiesta generosidad, como la financiación de proyectos con su propio dinero o la adopción de niños en su familia.
Por lo tanto, el famoso posdemocrático de países desarrollados tiene una serie de papeles relativos al establecimiento de agendas que se superponen (en la esfera social, en la “política real” del poder y el dinero, y en la definición de la naturaleza de la filantropía internacional o de las iniciativas de defensa de la justicia social). Mientras tanto, los que intentan apoyar las agendas del propio pueblo se enfrentan no solo a la hostilidad de las élites, sino también a la discordancia de sus mensajes con el clamor de los activistas de diseño, que puede llegar a silenciarlos.
Alex de Waal
Fuente: Open Democracy, “Designer activism and post-democracy”. Publicado el 17 de mayo de 2016.
Traducido del inglés por Andrea Santos García y Lucía Vázquez Sevilla (Universidad de Salamanca).

13 noviembre 2016

El saqueo de la República Democrática del Congo por parte de Kigali, Ottawa y Toronto

AB Minerals: el modelo de negocio canadiense se pone en marcha en África.
arton77766-7bce6El periódico canadiense National Post nos ha informado recientemente de que el Gobierno de Canadá financió la última visita privada del dictador Paul Kagame a este país, a pesar de estar al corriente de los numerosos crímenes que se le atribuyen, especialmente de aquellos a los que nos referimos en el primer artículo de la presente serie. Así es, el gobierno del apuesto y agradable Trudeau parece que quiere aplicar más o menos la misma política de instrumentalización del terrorismo que sus antecesores. Y, cuando se trata de África, se deja llevar por la admiración sin límites que el actual ministro de Asuntos Exteriores, Stéphane Dion, profesa a Roméo Dallaire, un colaborador asiduo del Frente Patriótico Ruandés (FPR).
No obstante, Ottawa cuenta con servicios de información de calidad y sabe perfectamente que el FPR de Paul Kagame mató a los sacerdotes quebequeses Claude Simard (1994) y Guy Pinard (1997). Asimismo, el gobierno de Trudeau ya ha confirmado que fue el propio FPR el que asesinó a la familia de otro quebequés, Corneille Nyungura. Sin embargo, a pesar de los asesinatos de ciudadanos canadienses que han quedado impunes, el gobierno de Trudeau mantiene la tradición de complicidad con el FPR del general Maurice Baril, del embajador Raymond Chrétien y de Radio-Canada, la misma tradición que ha justificado, a ojos de Jason Kenney, la extradición de Léon Mugeresa a Ruanda. El exministro de Inmigración de Canadá, de la época en la que Harper estaba en el gobierno, se ofende ante la idea de extraditar a los criminales chinos a su país de origen, pero no tuvo ninguna reticencia en lo que respecta a poner a un inocente como Mugesera en manos de un sistema judicial dirigido por criminales. Ya sean peones rojos o azules de Bay Street, los políticos de Ottawa no se diferencian los unos de los otros más que en la apariencia.
Hay que recordar que el régimen de Kigali al que Ottawa consiente con nuestros impuestos se pasa el tiempo intimidando, amenazando, encarcelando y asesinando a todos aquellos que se atreven a decir la verdad sobre este tema. Hace poco, expulsaron a la periodista estadounidense Ann Garrison y a su compañero Jeremy Miller de un evento llamado «San Francisco Rwanda Day», al que acudieron para asistir a una conferencia de Paul Kagame, que se siente como en casa en Estados Unidos, como si fuera un ciudadano más. Incluso en universidades importantes como Yale. Imagínense a un terrorista del FPR proceder, en pleno Manhattan, a silenciar de forma brutal a un defensor de los derechos humanos.
En San Francisco, tres agentes de la policía municipal y el director de seguridad del hotel Marriott Marquis expulsaron a Ann Garrison y a Jeremy Miller de la sala por negar el genocidio. La periodista resume a la perfección lo que es un «negacionista» a ojos de Kagame, de sus adeptos y de sus generosos padrinos:
«Se considera negacionista a quien describe la guerra y las masacres de Ruanda entre 1990 y 1994 de una forma no muy conforme a la versión oficial que impone el Gobierno actual. Este denomina la matanza “genocidio de los tutsi”, título que la Constitución y las leyes del país prohíben cuestionar».
Washington, Ottawa y los otros amigos de Kagame son conscientes de que si Ruanda persigue a aquellos a los que acusa de «negacionismo», también concede un trato especial a las personas que pertenecen a la etnia equivocada. Según Kagame, en el Evangelio del mal, los hutu deben arrepentirse ad vitam aeternam únicamente del sufrimiento de las víctimas que tienen derecho a la compasión; es decir, de los supervivientes del genocidio de los tutsi, incluso si los que están condenados a avergonzarse eternamente no habían ni siquiera nacido cuando ocurrieron los hechos que se les imputan como estigmas indelebles.
A ojos de la comunidad internacional, el régimen del FPR organiza juicios simulados para juzgar a aquellos hutu que no estén convencidos de que es necesario pedir perdón. Asimismo, a los que se resisten a este proceso los envía a prisión o a campos de reeducación, donde pueden ser sometidos a numerosos malos tratos y a torturas. Las prisiones y los campos están repletos de delatores y de falsos testigos que el FPR prepara para condenar a las personas molestas o para engañar a jueces ingenuos de otros países, incluso de Canadá.
Finalmente, no importa cuáles sean las leyes de Ruanda o de otros países, ya que los padrinos de Paul Kagame admiten que este último nunca está sujeto a ellas. Puede ordenar la encarcelación o la ejecución de sus opositores o de sus antiguos colaboradores que se han vuelto molestos según le parezca y sin necesidad de esconderse. Lean Entre les quatre murs de 1930 («Entre los cuatro muros de 1930», en español), de la heroína Victoire Ingabire, y verán la mecánica infernal de la falsa justicia a las órdenes de Kagame.
Sin embargo, digamos que uno de los pocos signos alentadores de las capitales occidentales, en lo que respecta a las violaciones masivas de derechos humanos por parte de la dictadura de Ruanda, nos llegó el 6 de octubre de 2016. En ese momento, el Parlamento Europeo adoptó una resolución que condenaba severamente a Kigali por el juicio amañado, por la encarcelación y por la tortura de Victoire Ingabire.
En resumen, a pesar de sus resultados hitlerianos, es evidente que a Paul Kagame no le faltan cómplices ni protectores poderosos, incluso en Canadá, donde las autoridades muestran una complacencia inverosímil y escandalosa hacia él. ¿Por qué? Simplemente porque es el hombre de confianza de Washington y de sus aliados en África Central. Si se fían de él es porque quieren mantener el control sobre esta región, lo que les permite, sobre todo, saquear sus recursos mineros. Recientemente, ha llegado a nuestros oídos un nuevo ejemplo concreto «made in Canada» de las consecuencias de dicha política.
La planta de saqueo de coltán de la sociedad canadiense AB Minerals de Kigali
Una sociedad canadiense con sede en Toronto y no inscrita en la bolsa, AB Minerals, ha desvelado su intención de abrir una planta de separación de coltán en Kigali. En su página web, anuncia que el mineral se importará de Ruanda y de «África Oriental». En primer lugar, soy muy escéptico en cuanto a la existencia de yacimientos importantes de coltán en Ruanda. Kagame asegura que los hay y que los incrédulos solo tienen que ir a verlos in situ. Sin embargo, ¿por qué no publican en Internet estadísticas, fotografías y vídeos de la explotación minera, simplemente? Kagame podría, incluso, pedir consejo a sus amigos de Radio-Canada, que se han convertido en maestros en el arte del publirreportaje para alabar las buenas obras de los mineros del norte de Quebec. No obstante, no aparece nada semejante en los medios de comunicación acostumbrados a elogiar al FPR. El secretismo que rodea a las supuestas minas de coltán de Ruanda despierta sospechas, y nosotros nos olemos la mentira, como es habitual, en las palabras de Kagame…
Bernard Desgagné